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lunes, 2 de septiembre de 2013

"No hay nada repartido de forma más equitativa que la razón: todo el mundo cree tener la suficiente".


Siempre gusta a uno estar informado. Siempre gusta ofrecer el punto de vista sobre el que uno se asienta, opinar sobre el mismo, o defender tu postura con argumentos más o menos razonados. Pero, eso no implica que lo que intentemos hacer creer sea la mejor opción. Aun así, habrá quien no sea capaz de crear esa especie de esfera que conforman las opiniones de los demás junto con la nuestra, a modo de mapamundi del conocimiento, con el que discernir y crear una mejor opinión conforme se habla con unos y con otros. Lo que suele llamarse "aprender".

Aunque parezca ficción, aún en nuestro siglo (y, en realidad, pienso que nunca dejará de existir, como el mentir mismo) existe quien toma en consideración algo lo cual, aun demostrándole que está equivocado con razones debidamente expuestas, seguirá hondeando la misma bandera. Le da igual. Se niega a aprender. Cree tener la razón, cree estar acertado en sus palabras, y eso le basta, cuando fuera de la testarudez todo tiene mucho más que entender.

Claro que, ¿de qué les voy a hablar a este tipo de personas? ¿De Gibraltar y España? ¿De La Línea de la Concepción? ¿De religión? ¿De la reforma de Wert? ¿De...? Realmente cuesta encontrar un tema, pues ya sea de todo lo expuesto así como de deportes, el sujeto no cede. Hechos como éste explican que aún se voten ciertos partidos políticos aun sabiendo ya desde hace bien poco la implicación de muchos a tramas de corrupción: las personas que votan a corruptos piensan hacer lo correcto, y las pruebas, los "papeles", y lo que diga la opinión pública no es barrera alguna. Así como también que aunque la religión haga y deshaga hay quien reza cada día, esperando no sé bien qué de ese dios que escriben con la inicial mayúscula.

Visto lo visto, se me viene una frase célebre de Descartes, y es que:

"No hay nada repartido de forma más equitativa que la razón: todo el mundo cree tener la suficiente".

Es cuando veo los anuncios de Apple, o de los tan anunciados coches eléctricos, cuando pienso que aunque nos vendan que estamos en una nueva era, en un tiempo de descubrimientos y de alto rendimiento, estamos realmente estancados: ¿qué nuevo invento tenemos? Un teléfono móvil con whatsapp no es un invento. Y, si como vemos, siguen dándose este tipo de cosas, más propio de personas que vivieron en siglos anteriores, más da que pensar... a quien lo hace.


viernes, 16 de agosto de 2013

"Gibraltar. Mi propia perspectiva y valoración del asunto, argumentada."


Llevo varios días observando cómo personas ajenas al problema opinan, informan, o van más allá: acusan; casi sin fundamento alguno, apoyándose en la voz de la calle, o lo que es peor: en lo que dicen los medios. Medios que ya han olvidado Galicia y el tan famoso tren que descarriló, o de José Bretón. Medios, que en vez de tomarse unos días en informarse y explicar razonablemente el asunto, prefieren acudir a la verja (que tan famosa es ya en España entera) para obtener testimonios en exclusiva de pescadores, llanitos y matuteros (personas que trafican con tabaco) los cuales tampoco saben con certeza qué es lo que defienden. Muchos, ni tan siquiera sabrán que en Gibraltar residen Hebreos, Musulmanes, Españoles, Americanos, Ingleses y llanitos. Muchos, ni por asomo se creerán que fue en éste lugar donde contrajo matrimonio John Lennon con Yoko Ono. Fruto de tanta controversia, manipulación, (y por qué no) tonterías y más tonterías que se dicen en la calle, me lanzo a escribir sobre el tema. Después de todo, a diferencia de muchos que también se lanzan a hacerlo, yo resido en la ciudad fronteriza con ésta colonia, y además de opinar, como digo en el título, argumento mi opinión, que tan necesario es a veces.




En este "conflicto", (por llamarlo de alguna forma), que no hace más que extenderse, son muchos los que acusan a Caruana, o al actual gobernador de Gibraltar, Picardo; hay también quien reconoce que David Cameron no tendría que entrar a formar parte del problema, ya que es algo que sucede entre "la colonia" y "La Línea". Gibraltar es un territorio de ultramar bajo soberanía de Reino Unido, y, por tanto, es obvio que Cameron tenga que tomar cartas en el asunto de hacerse necesario. La Línea por no poder no puede ni pagar a los que trabajan día a día en su ayuntamiento, ¿cómo va a hacer frente a un conflicto contra Reino Unido, que ha sido un país fuerte en todos sus aspectos durante toda la historia? España, La Línea, o como quieran llamarlo, lo más que hace es presentar absurdas opciones como la de cobrar un peaje por entrar a ese territorio, y yo me pregunto, ¿cómo van a cobrar a la gente por entrar en algo que no le pertenece, como es Gibraltar? ¿Me va a cobrar a mí mi vecino por entrar en mi casa que es mía? Esto que a simple vista parece descabellado y de locos, además de serlo, lo han propuesto nada menos que dos personas ya: Alejandro Sánchez García (anterior alcalde de La Línea), y ahora, por si fuera poco, García-Margallo (ministro español de exteriores) el cual además de presentarlo amenaza con imponer que esa tasa sean cincuenta euros para entrar, y otros cincuenta para salir. ¿Y quién padece las largas colas, las largas esperas como muestra de represalias al ver que nada pueden hacer porque no se pueden implantar dichas medidas propuestas? Los trabajadores.





Puestos a culpar a quién de qué, culpemos a Rajoy de ocultar lo que hace Bárcenas, o a los medios en sí por centrar su punto de mira en ésto y no en lo que de verdad tiene importancia: nuestros políticos nos roban, señores, ni más ni menos que las personas en las que delegamos el gobierno. Bueno, pues aún hay quien prefiere arremeter contra Gibraltar acusando de que "roba terreno al mar en aguas sobre que la que hay dudas respecto a quién pertenecen", y es que realmente parece que nadie recuerda que la orilla del mar antes llegaba al Club Náutico, y que, no sólo hemos comido terreno al mar nosotros, sino que hemos construido en ese terreno arrebatado al mar, también de dudosa propiedad legítima, una carretera de dos carriles para cada sentido, una acera con carril bici por cada lado, y un paseo marítimo. Todo sobre ese agua; en vez de arremeter contra el gobierno actual, recién desmanteladas varias operaciones ilegítimas y con valor lucrativo a costa del pueblo. La señora Infanta, Urdangarín, Bárcenas, el propio Rajoy, y a nivel local, Juárez, quien se marchó con los bolsillos bien llenos de este pueblo, de La Línea de la Concepción, ¿y os quedan ganas de quejaros de lo que hace o cómo lo hace Gibraltar? En la roca trabajan cada día 10.000 trabajadores, (razón por la cual se alza el monumento junto a la frontera) entre ellos mi padre, mi tío, y demás familiares míos y amigos. Yo mismo lo hago también en verano.


Y es que, en realidad, todo el mundo se beneficia de una forma u otra de ese territorio: más de siete millones de turistas vienen al año a visitar Gibraltar en cruceros gigantes, muchos de ellos comen en nuestra costa; los chavales compran el alcohol en Gibraltar porque es mucho más barato, y esta historia se repite periódicamente, cada viernes, cada sábado; cuando llega la navidad, a la hora de regalar colonias la gente acude a la roca; turistas del propio Estado Español pasan por La Línea para ir a ver a los monos, atracción turística de importancia también, y después, comen en el bar Salas (de La Línea); España, aunque se empeña en no reconocer como británico el aeropuerto de Gibraltar, permite que las excursiones que organizan los colegios para visitar Londres se hagan desde allí, tomando el avión en territorio llanito, beneficiándonos por tanto; al ser allí la gasolina más barata, la gente toma por costumbre llenar el tanque en la Roca, y así, es lógico que después se la acuse de tener el índice más alto de "emisiones de dióxido de carbono", cuando realmente la inmensa mayoría de la gasolina que vende se consume fuera de su territorio; suelen acusar a Gibraltar por esos barcos que realizan bunkering, sin saber esos acusadores que esa práctica se realiza igualmente (y a mayor escala) en la bahía de Algeciras, ¿conocéis las diferencias como para juzgar por qué si lo hacen los llanitos está mal?
Suele fastidiar a la política española el hecho de que Gibraltar esté exento de impuestos, pero, ¿qué hace España? Sube el I.V.A. cada vez que tiene oportunidad, o pone el impuesto sobre el tabaco en un cincuenta y siete por ciento (más de la mitad del precio de un paquete son impuestos para el Estado). ¿Qué hay de la oferta/demanda? ¿Quién visitará La Línea siendo ésta ya algo común, cuando no sea fronteriza con una colonia inglesa? ¿Qué hay de atractivo aquí? Me entristece plantearlo.


Lo cierto es que mientras nuestro gobierno no para de ofrecer cosas que no pueden llevarse a cabo y además alardear de ellas (como la del peaje en beneficio de los pescadores, o la de recuperar Gibraltar porque, según aseguran,  "le pertenece") van pasando los días, y todo sigue igual, ¿por qué? Porque la realidad es bien distinta a como la pintan en los medios, y voy a explicarlo.
A efectos televisivos el gobierno español no para de luchar por lo que, según afirman, es suyo. Los pescadores, igualmente, no paran de luchar porque de esas aguas dependen sus vidas. A efectos televisivos, como digo, pues de hecho Fabián Picardo hace poco retó a Rajoy a acudir a los foros internacionales con el fin de resolver el conflicto. ¿Qué hace nuestro presidente?, negar la oferta. No está luchando por recuperarlo por tanto, ¡no le conviene!: hace el amago, sonríe para los medios y lo reafirma, y una vez se le ofrece ir a juicio con el tema, rechaza, porque sabe que perderá. Lo sabe por lo siguiente.
Además de que nuestro presidente (como el anterior), no sabe hablar inglés, sabe de más que lo de Gibraltar está perdido antes de reclamarlo siquiera. Sabe, que en el tan famoso y tan en boca de todos (y tan desconocido por gran parte de ese todo) "Tratado de Utrech" aunque no viene reconocido que le pertenezcan aguas es lógico, pues en el siglo XVIII ese concepto de aguas territoriales no existía, y sabe, (o eso espero de la persona que dirige mi país) que desde el año en que yo nací (1994) entró en vigor la Constitución de los océanos, tratado aprobado y respaldado por la aprobación de la III Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar doce años antes (1982), por la cual cualquier territorio costero tiene proyección juridiccional sobre sus aguas adyacentes. De las hasta doce millas que se les ofrece a estos territorios costeros, Gibraltar sólo tomó tres, y aun así, sigue siendo tema de disputa. ¿Sabíais eso? Y estas palabras tomadas textualmente de un periódico digital las dirijo a los radicales que quieren forzar por todos los medios el cierre de Gibraltar, y añado bibliografía:




Con respecto al tema de los pescadores, ídem de lo mismo: será cierto que algunos aún pescan en esas aguas hoy día, a pesar de que la mayoría de la gente de ésta mi ciudad dice de esas aguas que están contaminadas (sin saber argumentar notablemente el porqué, como todo lo que suele decirse), pero lo propio es el contrabando. Y claro, si no permiten la pesca, ¿con qué excusa van a surcar esas aguas? Una imagen muy mediatizada es la de los pescadores quejándose del acoso llanito y de los bloques de hormigón cayendo en "los principales caladeros", es entonces cuando yo me ofrezco a mostrarles otra que quizá desconozcan:  






Gibraltar tiene todo lo que nosotros no tenemos, y lo sabe administrar bien bajo dominio inglés. ¿De qué nos serviría apropiarnos de todo, si vamos a hacer lo mismo que con el resto de España: dejarlo todo en estado crítico? No compensa ni tan siquiera plantear dicha opción.










domingo, 11 de agosto de 2013

"Nuestra condición nos hace creerlo"

Es usual topar con personas que piensan que tras la estancia aquí les espera otra mucho mejor, una vida que además de eterna es paradisíaca, lo mejor de lo mejor, en el que verán satisfechos todas sus aspiraciones ya conseguidas anteriormente así como las que les quedaban por lograr, y todo ello, reunido con las personas que antes que ellos llegaron a ese lugar del que hablamos. El hombre siempre tiende hacia delante: sueña porque pensar le viene corto; espera del siguiente día que sea mejor que el de hoy; la mejor novela está por escribir como decía un profesor mío. Siempre cabe la superación, y qué gusto da conseguirlo.


Seguimos esa dinámica casi por constitución. Todo aquel que hoy es un deportista de élite desde pequeño lleva puliendo sus dotes, igual pasa con la música. Mark Knopfler toca de la forma que toca a pesar de los años que tiene sobre su espalda porque no es cosa de dos días lo suyo: es esfuerzo, mucha constancia, y un eterno: "esto lo puedo hacer mejor, seguro". Podría enumerar miles de ejemplos, pero creo que la idea se torna sencilla. Es más, miramos con mala cara a quien se rinde, a quien tira la toalla, e incluso muchos llegan a pensar que ese sujeto tiene un problema por su actitud ante la circunstancia, ¿verdad? Teniendo en cuenta ésta forma de ver la vida es lógico que personas que aunque no crean en un dios, ni escriban su nombre en mayúsculas, crean que después de la vida hay algo.

No se puede aceptar el fin, y es algo que se nos inculca desde pequeños. Siempre hay que apuntar al diez, para cuando nos quedemos en el siete pensar "bueno, pues la próxima irá mejor". Así, ¿cómo va a aceptar alguien que su vida se acaba y que todo cuanto ha hecho se pierde? Es difícil de afrontar, y como siempre, entra en juego de alguna forma la navaja de Ockham, que dice así: "en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta". Si llevas toda la vida aspirando a más, subiendo peldaños de una escalera, no puede detenerse ahora todo. Es lógico que se piense: si siempre aspira uno a más, ¡esto tiene que ser ínfimo comparado con lo que me espera!

Muchos aseveran sobre la idea de que tras la vida tiene que haber algo seguro, y no se plantean esa explicación que doy, ese haber algo que nace precisamente de nuestra condición ascendente. Es nuestra forma de entender la vida, digamos, lo que nos hace plantear esa hipótesis que aunque no se sostenga por sí misma, nos empeñamos en sostener firmemente. ¿Por qué precisamente eso que hay después de ésto es la crême de la crême y es considerado un paraíso eterno? Para que no se viva atormentado con la idea de que el tiempo se acaba y no hay más, o de que no volveremos a ver a X persona. Es un pilar para muchos necesario, sin el cual no podrían hacer frente a lo que hay. ¿Qué sentido tiene todo ésto si tras la vida no hay nada? se preguntarán muchos, y realmente, es una buena pregunta.


¿Que qué hay tras la muerte? Lo mismo que antes del nacer. Esa es la solución que aporto. ¿O acaso antes de nacer oías a otros hablar de ese paraíso del que nadie ha vuelto para darnos certeza de su existencia? Visto así, muy bueno debe de ser ese más allá, ya que nadie se presta a volver para hablarnos de su experiencia. Claro que, es complicado imaginarlo, (al igual que imaginar el vacío, por ejemplo) y como pasa siempre, tenemos miedo a lo desconocido e intentamos explicarlo de forma que ese miedo desaparezca. O al menos, que nos deje disfrutar de lo único que tenemos garantía de que existe.







domingo, 4 de agosto de 2013

"¿A dónde estamos dispuestos a llegar?"

Decía Descartes de forma muy acertada que "es prudente no fiarse por entero de quienes nos han engañado una vez", y es así, ¿o acaso alguien confía en la política? Otra cosa es (como muchos pensarán al leer esto, cosa equívoca) que es un caso similar al de "me ha demostrado no ser como yo creía que era, así, le doy la espalda". No, yo me refiero al engaño, al no ser lo que la apariencia deja ver, y no sólo sino, sino atreverse a ir más allá y buscar la traición, etcétera. Es pensando estas cosas cuando me cercioro del respaldo que tengo últimamente.

Siempre he pensado que no hay que tomárselo todo tan en serio. Una frase resume bien esta idea, y es la de "no te tomes demasiado en serio la vida, total, no saldrás vivo de ella". Suele decirse también que quien espera lo mucho, espera lo poco, pero parece que cada vez se pierde más esta apreciación. La gente cada vez espera más de los demás, y cuando no lo dan, se les tacha. ¿Acaso no esperábamos todos que en la comparecencia Rajoy dimitiera? No cabe explicación alguna. Queremos que se vaya.
Últimamente estoy observando que cuanto menos espero, más obtengo. Siempre lo he observado en realidad, y ya hablé de eso en otra entrada, pero el caso es que sigue patente. Y, lo que más me gusta de todo esto, es que además ciertas personas se molestan (a veces en exceso a mi parecer) mostrándome su amistad. ¿A quién no le gusta que le tengan en cuenta? Es algo que siempre nos llena. El ser humano es social por naturaleza, y como tal, necesita de otro que le resalte sus logros, o qué se yo, que le diga sus fallos, aunque esto genere debate. Un debate también necesario, por supuesto (¿qué sería de la vida sin las discusiones?). Todo esto, al igual que otras tantas cosas por el estilo, son inestimables. Carecen de valor económico porque de ponerle un precio, faltaría dinero, cifras, o vete tú a saber. Es algo que no puede comprarse, y eso a muchos les repatea.

Cuando veo que Adri se empeña en llevarme a casa en coche cuando ya ha oscurecido una vez terminamos de entrenar al baloncesto, o cuando Félix se ofrece a llevarnos a mí y a Ismael a Algeciras en busca de camisetas para jugar el torneo, o cuando Ethan deja a un lado sus cosas y sale con nosotros casi sin avisar y de paso nos da recuerdos de parte de Nacho que sigue en Miami, o cuando Molina me pregunta cómo ha ido el concierto de Mark Knopfler y al verme por la calle me abraza, o cuando Jesús desde Madrid nos envía su apoyo para el torneo del sábado aun sabiendo que poco podemos hacer; siento que hago lo correcto. Siento que algo hay que hago bastante bien con ellos para que se sientan congraciados y sean así en consecuencia. Eso, como decía, no puede comprarse. Así, a mi parecer, no hay que tomarse tan en serio tal o cual cosa, pues, por ejemplo, en Junio casi no supe nada de ellos, y no por eso se me tiene menos en cuenta. ¿De qué serviría? Hay que dejar que las cosas fluyan más bien, y no intentar hacerlas fluir a la fuerza, pues haciéndolo sólo podemos conseguir derramar el agua.

Claro que, como en todo, hay quien discrepa. Cada uno hace lo que cree correcto, o al menos, así debería ser en el mejor de los casos. La pregunta es ¿a dónde estamos dispuestos a llegar? y partiendo de este punto, se construye el resto. Añadiré algo: quien no arriesga, no gana.

viernes, 26 de julio de 2013

"¿Se nos enseña a ser humanos?, ¿a tener humanidad?"


Imágenes de gente corriendo, con ansia de llegar a los hospitales a donar sangre. Personas cercanas al lugar de accidente, con familiares o amigos de personas implicadas en la tragedia o no, dándolo todo, ayudando, mostrando su incondicional apoyo sin esperar nada a cambio. Personas como aquel vecino que fue el primero en bajar a las vías, jugándose la vida por salvar a otros que ni tan siquiera fueron conscientes hasta ese día de su existencia. Familiares desesperados recogiendo las pocas pertenencias que les quedaban de sus seres queridos mientras, otros, recibían buenas noticias. Bomberos, policías, personal sanitario, y personas que profesionalmente no prestan un servicio al estado en un amplio despliegue en el que nada más importaba: había que ayudar cuanto antes, trabajando al máximo, codo con codo todos, dejando por una vez a un lado la situación del país, el paro, y demás cosas del mismo tipo. Se necesitaba valor, fuerza. El propio presidente del gobierno acude al lugar y muestra apoyo ante el gran espectáculo que allí estaba teniendo lugar, el cual era de entrada gratuita, libre acceso, y en el que se agradecía el más mínimo gesto de solidaridad, ya fueran unos minutos de silencio por las víctimas, como un no escribir nada en twitter a las 8 de la tarde. El príncipe Felipe y Letizia también acuden al lugar. Todo es poco, y todo, todo eso en su conjunto (y por separado, y de todas las formas posibles), es propio del ser humano.

La palabra humanidad se emplea con bastante frecuencia para referirse a un grupo bastante amplio de personas, así como también a lo antes descrito.
A ese dejarse llevar instintivo y demostrar que, aunque la razón no sea igual en todos, ante un suceso como este da igual el partido político al que esa persona pertenezca: está atrapada en un vagón, y tiene familia y posiblemente hijos, así, lo que prima es su seguridad, salvar su vida. El gesto. Es esa actitud heróica la que me fascina: la voluntad de poder que casi puede tocarse, se percibe en el ambiente. Héroes con ropa de trabajo, o con lo puesto; sin traje antibalas, sin capa, y sin superpoderes. Toda ese gente olvidó por un segundo el peligro que podían correr bajando a las vías a socorrer a aquellos pasajeros que a tan mal destino llegaron. Olvidaron a su vez su situación laboral, o la economía de casa, y cómo podría repercutirles negativamente el acto de valentía que estaban realizando. En contrapartida, aquel maquinista que en estos momentos sigue detenido por imprudencia, también olvidó lo que tenía a cargo: la vida de todos esos pasajeros que le cedieron a él la capacidad de decidir el destino.

En los medios también está de moda usar la palabra contraria, la de inhumano refiriéndose, paradójicamente, a personas que no muestran compasión, sentimientos, o que básicamente carecen de alguna forma de lo que es "propio" del ser humano.
"¡Somos humanos, somos humanos!" se le oye gritar a ésta persona, responsable de la conducción del tren, en una grabación, una vez había descarrilado. Mientras él gritaba, hacía por salir de la cabina, y sollozaba con que, de haber muertos, recaerían sobre su conciencia; en algún otro lugar, en otro vagón no muy lejano, otros se despedían para siempre.
Todo el mundo comete errores, pero de confirmarse la hipótesis más postulada que daría total sentido a lo ocurrido, y de no tener que ver con fallos técnicos, sino que todo recae sobre la persona en cuestión (a lo que todo apunta), a mi juicio, no es eso un error. Circular a más de el doble de la velocidad permitida, en éste caso a 190 km/h en una zona próxima a una curva difícil, teniendo a cargo a todos esos pasajeros, eso no es equivocarse, es jugar a la ruleta rusa con vidas prestadas que te confían su viaje. No es un "accidente" como tal a mi parecer, pues teniendo en cuenta la velocidad a la que iba estaba casi totalmente claro cuál sería el desenlace de ésta historia. Y ésto me recuerda al caso de Ortega Cano, que dando positivo en la prueba de alcoholemia se cobró la vida de una persona inocente que tan pacíficamente conducía su vehículo por carretera, mientras él salía ileso; o al caso de farruquito, que además de atropellar mortalmente a una persona inocente que cruzaba un paso de peatones, huyó de la escena, sin siquiera socorrer a éste. Y, ¿qué hay del capitán del Costa Concordia? Al igual que los al principio mencionados los califico como héroes, a éste lo califico como la personificación de cobardía. Todos estos tienen algo en común, y es que a pesar de hacer un mal, una tragedia, o al menos opositar casi de forma activa en crearla, salieron todos ilesos. Y por si fuera poco, aún hay quien se acerca y aprovecha el momento con otros fines. Fines políticos, fines meramente burocráticos. Un consejo desde aquí hacia la moncloa: si vais a emitir un mensaje a las familias de los afectados, expresándoles vuestras más sentidas condolencias, ¿qué menos que os molestéis en redactarlo por vosotros mismos? No hagáis un copia y pega de otra carta enviada a China. Un respeto.


Ante este tipo de hechos no puedo evitar plantearme si realmente todos contamos con esa humanidad con la que cuentan esos héroes que aparecen en la fotografía. ¿Es algo innato o, por egoísta que pueda parecer, se aprende de alguna forma a tener a ser compasivos, altruistas, y se añade ésto a nuestra circunstancia para usarlo como herramienta en nuestras vidas? Por desgracia he tenido contacto con personas que corroboran lo expuesto, los cuales prefieren hundir si pueden al prójimo en vez de ayudar en lo que esté en su mano.
Como siempre, surgen dos preguntas por cada respuesta, y, en éste caso son éstas las que planteo:
¿Se nos enseña a ser humanos?, ¿a tener humanidad? 


Vecinos, familiares, amigos y fuerzas del Estado trabajan en consenso por encontrar supervivientes y salvar a las víctimas en la tragedia del tren descarrilado en Santiago de Compostela, el 24 de Julio de 2013.

El simple hecho de postular la hipótesis es del todo inhumano.








domingo, 21 de julio de 2013

"El avance no siempre implica mejoras"

El reloj sigue sin detenerse. Nunca lo hace, ciertamente, y cuando lo hace, más nos vale llevarlo a reparar, pues iremos atrasados con respecto al resto de relojes del mundo, y de todo el universo.

Al igual que el tiempo avanza, aunque a veces y con hechos que salen en las noticias día a día no lo parezca, la sociedad también avanza. Los hábitos cambian, las formas de pensar, las aspiraciones, la economía, y todo en su conjunto. Claro que, es observable como realmente (aunque tengamos una apreciación a grosso modo de que sí) no todo avanza en la misma línea: no todo va a mejor y deja atrás un pasado en el que fue peor, esto no siempre se da.
En la asignatura que peor llevaba el ya pasado curso de 1º de Filosofía, siendo ésta Conocimiento, Ciencia y Sociedad, estudié de cerca la tecnología, las implicaciones de la misma, y hechos como el que motivaron a Winner a escribir su obra "La ballena y el reactor". En un mismo paisaje, fundidos, un reactor nuclear (sí, como el que sale en los Simpsons, en el que trabaja Homer, una central) y una ballena. Desde el punto de vista antropológico diríamos que el reactor es una creación del hombre, es fruto de un proceso cultural, una construcción que supone un avance pues crea energía para la humanidad, y con ella, progreso: más capacidad. ¿Es esto realmente así? Los ecologistas echarían en cara a los políticos que dieron el visto bueno para la construcción de la edificación la presencia de animales, y el riesgo de éstos llegar a ser contaminados, pero lo cierto es que no solo esas ballenas podrían resultar contaminadas, sino que también lo son las personas. Claro que, viendo esa portada del libro de Winner, se nos olvida nuestra propia seguridad.

Esto no es un hecho aislado, ocurre lo mismo con los alimentos transgénicos: no paran de inyectarle cosas a tomates, plátanos, y demás, procedentes de otros productos, o incluso animales, para que así duren más tiempo y no pierdan sus características. Por ejemplo, si un tomate tarda en echarse a perder X días, ahora se le inyecta algo que lo hace durar X + 2 días. Y así sucesivamente. Por supuesto, aun estudiando esto en el colegio, a nadie le importa. Como tampoco a nadie le importa el hecho de estar sumidos en una economía que lucha por subsistir, mientras que sus integrantes luchan por llevar el nivel de vida más alto, y si es posible, más alto que el de mi vecino. Nadie lo ve, y quien lo ve es llamado loco por salirse del canon.

Yo lo veo. Veo todo eso, como también veo cosas menos abstractas y más de a pie, más al alcance de todos. Hace unos días vi a una muchacha en el asiento trasero de una moto escribiendo en su móvil smartphone, ¿es consciente del peligro que corre si el conductor toma una curva más pronunciada de lo debido, o si da un frenazo? Posiblemente no, pero estoy seguro de que aun explicándoselo, tampoco lo entenderá.
Nadie escribe cartas, todos mandan mensajes de whatsapp. Nadie te saluda a la primera, te conoce, y te invita a algo, ahora es más sencillo agregar a esa persona a Facebook, chatear con él, y si nos cae bien, quedar con él en persona ya sobre seguro. ¡Y lo digo yo, que soy de la nueva generación como quien dice! ¿Es eso progresar? Cada vez la gente cuida más su aspecto para salir a la calle, hasta el punto de optar por no salir, pues es más cómodo quedarse en casa atado a las redes sociales. No hay que vestirse para eso. ¿Hasta qué punto los avances de hoy día son avances?, pues que yo sepa, los móviles llevan ya bastante tiempo siendo lo que son, y el último avance como tal en ese ámbito fue el de la aparición de él mismo. Cámara de X megapíxeles, altavoz de no se cuántos, ... no dejan de ser minuencias: el gran avance fue la aparición del teléfono sin cable, del teléfono móvil, y desde entonces, ¿qué? Se libra una constante lucha por mejorar lo ya mejorado, haciéndolo siempre mejorable, y haciéndolo atractivo a ese consumidor que hace ya bastante que dejó de preocuparse por su propia salud. Puede parecer radical, pero esto es así en la mayoría de las personas. La filosofía, y ya no eso si queréis, pero el simple hecho de leer, de informarse, y de ir un poco más allá, te hace darte cuenta. Nunca es tarde. ¿Por qué pagar un contrato mensual de teléfono de treinta euros durante dos años si por mucho menos consigues uno que cumple los requisitos que buscas?
No buscan ya la utilidad, se busca la inutilidad. Se ha perdido la coherencia, se valora lo incoherente, y basta con abrir youtube y mirar en destacados: nadie visita los vídeos ilustrativos de Savater sobre los filósofos, los documentales de Da Vinci, etc; lo más visto son siempre videoclips sin sentido, en el que, en el mejor de los casos, el susodicho artista recita una canción.

sábado, 6 de julio de 2013

"Para que unos pocos sean inmortales otros muchos deben morir".


En la película In time en algún momento un personaje enuncia la frase que encabeza éste texto, y es que "para que unos pocos sean inmortales otros muchos deben morir". Suena egoísta, rastrero, y a algunos les parecerá inhumano incluso, pero no deja de ser así en el mundo real.
Cada día muere gente, mucha gente, y tan sólo unos pocos aspiran a aparecer en los libros. Y ya no solo eso, sino a ser recordados. No son pocos (más bien, no somos pocos) los que movemos hilos y hacemos cosas, promovemos cambios, e intentamos hacer de ésto que se viene abajo algo mejor, cada uno aportando su minúsculo grano que tan necesario se hace a veces. Pero después de todo, la realidad, como la teoría de la práctica, es bien diferente: ¿quién es recordado? Tan sólo unos pocos. Kepler realizó sus tres leyes gracias a los avances y descubrimientos astronómicos de Tycho Brahe, y sin embargo, éste maestro se sitúa a la sombra, donde su discípulo acapara la universalidad. Mientras muchos caen, otros se alzan. Unos morimos y otros logran la inmortalidad. Cuando, realmente, todos somos dignos de ser recordados.

La inmortalidad de la que hablo es de la que goza, por ejemplo, John Lennon. Éste artista, aun muerto, sigue vivo en los corazones de sus fans, en los pubs que fieles a él ponen su música, y en los grupos que tributan su hazaña y la de The Beatles en general. El hecho de que Mark David Chapman asesinara a éste personaje, casado con la Japonesa Yoko Ono en Gibraltar, no impide que a modo idealizado éste "siga vivo". Aún sigo oyendo su voz, aún siguen aumentando las visitas de sus vídeos colgados en internet, y estoy seguro de que cada día más personas se suman al carro de apreciar su música. Acapara el merchandising él y el resto de Beatles, de los cuales sólo siguen vivos de forma física Ringo y Paul. Claro que no siempre es tan justa la vida, y así, Chapman consiguió su propósito: hoy es él también conocido y aparece en los libros, claro que, lo hace como el asesino de John Lennon. No me gustaría saltar a la fama de ese modo, viendo la repercusión que tuvo mi hecho desde detrás de unas rejas que muy posiblemente no se vuelvan a abrir. Quizá Chapman quiso eso para sí: vivir eternamente en los libros, aun no pudiendo leer su tan querido El guardián entre el centeno.

La inmensidad del universo se queda pequeña. No hay espacio para todos, y es así. Al final se hacen inmortales unos pocos. Sólo son recordados Trotski, Lenin, Stalin, Kamenev, Zinoviev, Kerenski, ... con la cantidad de rusos que tuvieron parte en la revolución Bolchevique y demás. Sólo se recuerda y se teme a Francisco Franco, pero, cuantísimos civiles perdieron la vida en la guerra civil y en el posterior régimen. Sólo se alza el valor de Hitler en la II Guerra Mundial, y pocos son conscientes de que éste también participó en la primera. Muchos se consideran Nietzscheanos exaltando exageradamente los valores antimorales que, según esos seguidores de Nietzsche, el gran filósofo defendía y promulgaba; cuando, se les pasa quizá (o más que quizá, muy posiblemente) que éste ilustre personaje ejerció como voluntario en los cuerpos de sanidad de la guerra franco-prusiana, demostrando una total empatía y moralidad de acero.

Es después de todo cuando surje la gran pregunta que atisba cada paso, cada cambio, y cada decisión por pequeña que sea: ¿Merece la pena?