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miércoles, 20 de noviembre de 2013
"¿Qué es una historia sin un final? Lo que da sentido a que continuemos conociéndola".
Películas como Matrix, Avatar, Origen, ponen al espectador ante la tesitura de plantear -aunque sólo sea por un breve instante- que pueda tratarse de una realidad ilusoria y que, en consecuencia, todo lo que en ese preciso momento ve o siente, así como en otro cualquiera, sea una reducida y mera apariencia -doxa lo llamarían los antiguos griegos- de la realidad, y no una realidad tal como se la entiende a ésta. La pregunta, al margen de la ficción es, ¿existe dicha realidad como tal?
La costumbre y el hábito responden antes que nuestra mente: un sí rotundo que al leer estas líneas flaquea y se pone en guardia. Pese a todo, si no existiera nada, ¿significaría que mientras no conocemos nos dura el disfrute? Esto, independiente a la metafísica, se encuentra en el día a día propio, del de cada uno: nos compramos un videojuego, y mientras dura, nos entretiene, disfrutamos de él, y con él; montamos en bicicleta y, mientras no tenemos conciencia ni edad para saber que eso es el principio de una larga cadena de vehículos a los cuales podemos aspirar, nos entretiene, y nos transporta en cierto modo; conocemos a alguien, y mientras le conocemos a fondo, mientras desciframos cada gesto, cada mirada, el por qué de cada sonrisa o cada caricia, el carácter quizá, mientras lo sostenemos porque podemos hacerlo, mientras conocemos el modo de ser del mismo; nos hace feliz de alguna forma. Lo que trasciende a éste estado es lo que nadie asegura por miedo a equivocarse: ¿y si después de conocerlo deja de gustarme? ¿Y si después de estudiar a fondo la teología me doy cuenta de que soy un completo ateo? ¿Y si no es lo que esperaba? Después de estudiar sabré más, pero también corro el riesgo de estar más confundido.
La búsqueda de la significación, mientras vamos tras la pista, da sentido. Otorga un significado, por decepcionante que pueda resultar. Si existe o no tal significación, si todo tiene una meta, es lo de menos, ¿no? No cabe pensar, no hay tiempo, siendo el tiempo una más de las ideas nacidas y maduradas en la mente del ser humano. ¿Qué es tiempo si extraemos éste de nuestras mentes? Éste no se halla fuera con una existencia propiamente dicha. Sí que hay mortalidad en las personas, días y noches, inviernos y veranos, recuerdos, pero, el agruparlos en horas, minutos y segundos, es invención propia. Invención nuestra, quizá fruto de un afán por otorgarle a ésto un significado más allá del que tiene, del cual hasta hoy, a la sombra de lo que filósofos, escritores, artistas, demás personas no etiquetadas bajo ningún concepto de ocupación y en general, pensadores; hayan podido decir: nada sabemos. En oposición a ésto, nuestra constitución -al igual que nos hace organizar- nos hace dependientes de finales. ¿Qué es una historia sin un final? Lo que da sentido a que sigamos indagando, queriendo saber más y más: lo que hace que sigamos teniendo ganas de conocerla. Llegado el punto de plantar ahí todo, ya sea éste final malo, bueno, intermedio, indiferente, lo es: es un "acabose", es cerrar ese libro en cuestión y tomar otro, es pasar la página con más o menos fuerza, pero pasarla y terminar de una vez el dichoso capítulo que tantos quebraderos de cabeza ha creado por un momento, o por más de uno. Sensación agri-dulce la de una película, un libro, una obra, cuyo final no es claro ni evidente... y ésto, por extraño que pueda parecer, causa más sensación, más interés en quien lo padece, siendo un análogo a lo que nos ocurre. ¿Cuántos años llevamos estudiando el cosmos y cuán poco sabemos sobre él? ¿Acaso eso nos hace tirar la toalla, abandonar? Todo lo contrario: investigaciones recientes nos informan de que Marte tendría, al parecer, reservas de agua en su interior. ¿Por qué se secó? ...
Siempre hay una razón, y qué triste resulta darse cuenta a veces de que ésta dejó de serlo.
lunes, 11 de noviembre de 2013
"Siempre merece la pena. De no ser así, estaríamos muertos".
Sólo vemos el deber con mayúsculas donde realmente también hay derechos. Sólo vemos complicaciones cuando, en realidad, muy tenue y quizás difusamente, en el fondo del horizonte, donde cielo y tierra se unen; hay una gran recompensa. ¿Acaso no es la esperanza lo que nos mantiene a salvo? ¿De conocer todo cuanto desconocemos, además de desaparecer la filosofía, no desaparecería el sentido de ésto que conocemos como vida? ¿Qué es vivir si no es con miedo y dificultades a las que relevan grandes recompensas?
Donde hay un camino pedregoso también hay un esfuerzo por superarlo que doy por seguro que merecerá la pena. Siempre merece la pena, y quien no lo cree, no vive sino existe. Cuando todo va mal cuesta ver la luz. Los antiguos, los que creían en la religión de Dionisio -el Orfismo- lloraban al ver nacer y celebraban las defunciones: veían la vida como un lastre, la muerte como una salvación. ¿Hasta qué punto debe ser concebido ésto así? ¿Lleva a algún lugar el pesimismo? Visto lo visto, al ataúd. Pienso que es precisamente el hacernos con las riendas, ponernos en el lugar del metafórico auriga de Platón, lo que nos lleva no ya a alguna parte sino donde se quiera o se esté dispuesto a llegar. La amistad, aunque a veces se torne algo difícil, igualmente tiene gratas recompensas. ¿No ves a alguien al leer éstas líneas? Por poco que de, el naranjo siempre da frutos, de todo lo sembrado siempre se recoge algo. Donde hay nada hay un todo, cuesta verlo pero está. La música, las personas, los lugares, los recuerdos, los sueños en sí, las ilusiones y los esfuerzos, lo merecen. Soñar es gratis económicamente, aunque no todos están dispuestos a pagar el precio moral, la cuantía vital: no todos piensan que merece la pena hacer las cosas. ¿Lo merece esperar?, ¿lo merece arriesgar? Claro que sí. Sí que merece la pena estudiar, sí que la merece ahorrar, sí que la merece todo cuanto hago y se hace.
Sabiendo de antemano que vamos a ir al mismo lugar en que estábamos antes de estar frente a éste texto, o escribiendo el mismo, o posiblemente a otro lugar que, sea cual sea, no dejará de ser algo desconocido que muy probablemente ni aspiremos a conocer, a ese antes de nacer o a un post-nacer del que no nos llegan noticias, ¿por qué no hacer de ésta estancia algo mejor? ¿De qué sirve resignarse? Busquemos respuestas a eternos problemas como pasatiempo, atrevámonos a hacer más que otros. Hagamos de ésto una estancia placentera, sin demasiados excesos para que así podamos disfrutarlo, pero con alguno que otro que nos saque de la rutina. Todo está en la mente, en el cómo se vean las cosas: no con los ojos, sino con el alma. Ese empujón que no nos atrevemos a dar a veces. Ese salto que más que un salto es un pequeño paso hacia delante. Hay que darlo: lo merece, merece la pena. De no hacerlo, nunca sabes qué pierdes, qué ganas, qué dejas pasar o qué atrapas con fuerza. En un abrazo se dice más que en mil ensayos de filosofía, y es algo que tengo siempre presente.
En algún lugar están todas las respuestas, o quizá, muy probablemente, no, no debiendo preocuparnos ésto en absoluto. Buscándolas puede que se nos olvide el problema, y que ésto se convierta en una forma de vida. Puede que logremos encontrar la felicidad, o que nos planteemos volver a intentar hacernos con ella. Cuando lo conseguimos, cuando lo hallamos y lo atrapamos con fuerza, nos olvidamos. Y así va todo: una eterna búsqueda de algo que aun desconociendo echamos en falta. No hay que verlo con pesimismo: ésto nos mantiene al tanto, nos mantiene vivos. Esto es lo que nos toca. Rendirse es lo sencillo, y lo sencillo por lo general no acontece grandes acontecimientos. Hay que luchar: ninguna civilización se formó sin esfuerzos, y ningún gran personaje de la historia logró algo grande sin pasar antes por la superación. Todo supone un esfuerzo,esfuerzo el cual estoy dispuesto a llevar a cabo siempre y cuando merezca la pena.
Sabiendo de antemano que vamos a ir al mismo lugar en que estábamos antes de estar frente a éste texto, o escribiendo el mismo, o posiblemente a otro lugar que, sea cual sea, no dejará de ser algo desconocido que muy probablemente ni aspiremos a conocer, a ese antes de nacer o a un post-nacer del que no nos llegan noticias, ¿por qué no hacer de ésta estancia algo mejor? ¿De qué sirve resignarse? Busquemos respuestas a eternos problemas como pasatiempo, atrevámonos a hacer más que otros. Hagamos de ésto una estancia placentera, sin demasiados excesos para que así podamos disfrutarlo, pero con alguno que otro que nos saque de la rutina. Todo está en la mente, en el cómo se vean las cosas: no con los ojos, sino con el alma. Ese empujón que no nos atrevemos a dar a veces. Ese salto que más que un salto es un pequeño paso hacia delante. Hay que darlo: lo merece, merece la pena. De no hacerlo, nunca sabes qué pierdes, qué ganas, qué dejas pasar o qué atrapas con fuerza. En un abrazo se dice más que en mil ensayos de filosofía, y es algo que tengo siempre presente.
En algún lugar están todas las respuestas, o quizá, muy probablemente, no, no debiendo preocuparnos ésto en absoluto. Buscándolas puede que se nos olvide el problema, y que ésto se convierta en una forma de vida. Puede que logremos encontrar la felicidad, o que nos planteemos volver a intentar hacernos con ella. Cuando lo conseguimos, cuando lo hallamos y lo atrapamos con fuerza, nos olvidamos. Y así va todo: una eterna búsqueda de algo que aun desconociendo echamos en falta. No hay que verlo con pesimismo: ésto nos mantiene al tanto, nos mantiene vivos. Esto es lo que nos toca. Rendirse es lo sencillo, y lo sencillo por lo general no acontece grandes acontecimientos. Hay que luchar: ninguna civilización se formó sin esfuerzos, y ningún gran personaje de la historia logró algo grande sin pasar antes por la superación. Todo supone un esfuerzo,esfuerzo el cual estoy dispuesto a llevar a cabo siempre y cuando merezca la pena.
Después de todo, ten presente que si no mereciera la pena, estaríamos muertos. Pensar nos hace libres y, la libertad, aunque asusta, es lo más grande junto el ser humano.
jueves, 3 de octubre de 2013
"Nadie se muere por nadie, pero así lo seguimos creyendo".
Recientemente leí acerca del fenómeno "recuerdo rosa". Éste nos hace ver el pasado -más bien recordarlo- con un cierto color rosa, con una admiración grandiosa, con un anhelo que hace mirar con pesimismo lo que tenemos hoy por hoy entre nuestras manos. Es quizá una especie de depresión permanente a la que estamos sometidos: ¿quién no mira atrás y sonríe sin poder evitar mirar al frente y tener miedo a lo que acontece? Es nuestra constitución, somos así; al igual que muchos, temerosos del final de la vida o de los problemas y obstáculos que ésta nos pone, sea por la razón que sea, recurren a la religión. Como dijo ayer un profesor mío "hay cosas que no dejarán de existir nunca, y la religión es una de ellas". Me gustaría pensar -y lo hago de hecho- que es un caso análogo al de la filosofía. Ésta da sentido a problemas, da argumento a escritores, da sentido a otros muchos, y, en el fondo, todos, al igual que planteamos la existencia de un ser supremo, filosofamos.
Es curioso, pues, además de llevar toda la razón del mundo la anterior expresión dictada por mi profesor, llego a la conclusión ya antes esbozada en alguna parte de que hay cosas que no cambian nunca, no ya que no deban, sino que no lo hacen aun así. Según parece, siempre añoraremos el pasado y temeremos el futuro, como si de una especie de mecanismo interno se tratara. Quizás así sea realmente. ¿Será eso lo que nos da sentido? ¿Será algo así como cuando nos damos un golpe y tememos hacer la misma acción veces posteriores? ¿Recapacitaremos alguna vez como para no cometer los mismos errores? Conocemos bien poco de la vida, y quien en ocasiones hace gala de tenerla bajo control cae en el prejuicio de alterar los roles felicidad y dinero, anteponiendo el segundo, dificultando el disfrutar de lo que de verdad importa: de lo que es gratis.
Parece ser que siempre nos atraerá más lo difícil que lo fácil, pero de poder hacerlo, lo haremos todo lo más sencillamente que se pueda; parece ser que tras la tormenta y el vendaval viene la calma; y parece ser que por más que algo te parezca supremo, el tiempo hará que deje de serlo: nadie se muere por nadie, aunque esto no sea una ley universal. Si ya sabemos ésto, ¿por qué lo seguimos creyendo? Esto sí debería de cambiar alguna vez. Volvemos a caer una y otra vez. Y aunque te parezca interminable, ese tiempo de sopesar no es eterno, es fugaz, claro que sólo alcanzamos a verlo una vez se ha disipado, o cuando está en proceso. ¿Es algo que debería de cambiar algún día? Puede. Deberíamos dar más por menos, "morir un poco" en el sentido de dejarnos caer hacia un lado de la balanza, u al otro, pero no del todo; darnos cuenta rápidamente de que el pasado está asentado con fuerza, y que la mejor historia aún está por escribir. Nadie da duro a cuatro pesetas así como nadie espera para siempre. Todo fluye, todo pasa; anidado a lo que pasa alrededor, esas circunstancias de las que habla un filósofo Español. Lástima que a veces no todo esté en nuestras manos. ¿O es ésto un ejemplo más del recuerdo rosa?
Claro que, como en todo, caben excepciones, y es que el ser humano es tan impredecible como sorprendente.
"No llores porque acabó. Sonríe porque sucedió"
-Anónimo.
miércoles, 25 de septiembre de 2013
"Al final de la partida, tanto el peón como el rey vuelven a la misma caja"
El peón es el que hace el trabajo sucio, es aquel que muere por los demás porque "así ha de ser". Para que el juego comience y tome forma, éstos han de caer los primeros. Los alfiles, las torres, y los caballos son los encargados de dar soltura al juego, de defender a la reina y al más importante: al rey. Perder a uno de estos defensores es un duro golpe, pues el adversario estaría de esta forma más cerca de ganar la partida. El rey, la pieza principal, es la más valiosa, ya que perderla significa el fin.
Mientras va teniendo lugar la partida, van cayendo peones, alfiles, torres, ... hasta que sólo queda el rey, y con astucia, intenta no ser acorralado por el adversario. Quizás, sin saber éste, que a pesar de ser la pieza que da sentido al juego, la más valiosa, una vez finaliza la partida, tanto el peón como el rey vuelven a la misma caja. Luego entonces, ¿por qué lo hacéis todo tan complicado? Total, vais a ir a parar al mismo lugar que el presidente cuando os llegue vuestro momento...
Mientras va teniendo lugar la partida, van cayendo peones, alfiles, torres, ... hasta que sólo queda el rey, y con astucia, intenta no ser acorralado por el adversario. Quizás, sin saber éste, que a pesar de ser la pieza que da sentido al juego, la más valiosa, una vez finaliza la partida, tanto el peón como el rey vuelven a la misma caja. Luego entonces, ¿por qué lo hacéis todo tan complicado? Total, vais a ir a parar al mismo lugar que el presidente cuando os llegue vuestro momento...
lunes, 9 de septiembre de 2013
"¿Acaso existe un lápiz con una mina suficiente para dibujar una línea infinita?"
Quien hace la ley, hace la trampa. Esto viene siendo así desde mucho antes que yo naciera, de que nacieran todas las personas que conozco: lo es, lo será, y lo seguirá siendo. No hay cosa en la que piense y, casi sin madurar mucho la idea, aparezca su contraposición. La parte A y la parte B de las cosas. Pero como en todo ésto resulta mucho más útil ejemplificarlo.
Se dice que robar está mal, pero invertir millones que han pagado los ciudadanos con sus impuestos para construir desmesurados pabellones y centros deportivos que de ningún espectáculo alguno serán escenario, casi que ni es juzgable: se roba por tanto, y si lo primero dicho era la ley, ésta es la trampa.
La velocidad máxima en España son esos 120 km/h de los cuales no podremos sobrepasar nada de nada, según la teórica que hemos de aprendernos para conducir, pues es ésto el máximo permitido en todo caso. Sin embargo, es fácil ver cómo vehículos homologados para la circulación en éste nuestro país (y no en Alemania, donde existen vías en las que no se precisa de límite de velocidad alguno) superan esta velocidad. Y no sólo la superan, sino que la duplican... o triplican.
No hay dinero para becas. Cada vez es mayor el recorte en la sanidad pública. Hasta los pensionistas han de pagar por algunas de sus recetas médicas (lo que se conoce como copago). Dejan de existir tantas ayudas a los parados, pagas a los mayores, y demás prestaciones propias de un país desarrollado. Los bancos se ven obligados a arrebatar a muchos que se embarcaron por encima de su nivel porque la crisis azota, y no hay perdón que valga: el Estado reclama lo que es suyo. La cosa está realmente mal, y es ésta la ley.
Nuestro gobierno decide invertir en las olimpiadas de 2020 y propone que se celebren en Madrid -digo nuestro gobierno y no nosotros puesto que yo no recuerdo haber participado en referéndum alguno en el que concurriera la pregunta a "¿quiere usted participar en los próximos JJOO?" ni nada parecido-. Para ello, alega tener construido el 80% de la estructura necesaria para realizarlos, en los que ha invertido cientos de millones de euros. Y digo yo: ¿era ésto necesario? ¿Qué pasará ahora con esas "infraestructuras" ya construidas? ¿Al desmontarlas recuperamos lo invertido o hemos de tragarnos "nuestros" errores? No hay dinero para lo demás y, sin embargo, ¿si hay para ésto? Ésto formaría la trampa.
La droga es ilegal, al menos es lo que dice la ley. Y mientras lo pienso, veo cómo las personas se acercan a lugares provistos de "droga" (alcohol y tabaco) legal. El tabaco cuenta con nicotina, lo que hace a quien lo fuma un adicto, un consumidor que seguirá gastándose los 4 o 5 euros que le pidan por cajetilla, por alocada que resulte a veces la cifra en euros. La droga es mala, pero cara, nos lo enseñan en el colegio. El Estado promueve la educación para este tipo de cosas, la moderación, y promueve anuncios en los que se alerta del peligro que corre uno al consumir estas sustancias, pero lo cierto es que si decides alejarte, el Estado tiene que sacar partido también, ¿o acaso no está regulada la venta de los cigarrillos electrónicos, los parches de nicotina, los tratamientos para dejar de fumar? Se comprometen ley y trampa.
Una de las leyes más estrictas que he visto imponer ha sido la ley anti-tabaco. Personas del sector servicios se vieron obligados a realizar reformas en sus negocios a fin de adecuarse a la nueva ley, que prohibía que se fumara en lugares públicos no habilitados con una mampara o lugar de separación entre fumadores y no fumadores. Más tarde, se prohibió definitivamente fumar en los lugares públicos, pasando por alto la estructura o las obras que hubieran podido realizar los empresarios por sus negocios. Eso es la ley. Una ley que, casi de forma cómica, cuelga de un hilo cuando Sheldon Adelson apuesta por España para la construcción de Eurovegas.
Hay a quien no le gusta tu trabajo, cómo haces ésto o aquello, pero a pesar de ello te dice cómo hacerlo. Hay quien quiere ganar dinero y suspira soñando con la idea por la que la droga, siendo lo más malo, es con lo que más se gana. El cristiano más bueno es el que es generoso y comparte, y realmente me gustaría ver en qué cama duermen los más cercanos al cielo.
Todo ejemplo es poco, pero la conclusión que extraigo es que independientemente a lo que promulgara Sócrates en favor de su polis, o de lo que digan tales y cuales constituciones, lo que realmente nos hace ver (y a muchos creer, cada vez con más certeza) es que quien hace la ley hace la trampa. A toda norma le cabe una refutación, una razón que a alguien le haga pensar: ¿no existirán realmente las normas para saltárselas? Y si no, ¿qué hago con este Ferrari en una autopista en la que sólo puedo circular a 120km/h?
Se dice que robar está mal, pero invertir millones que han pagado los ciudadanos con sus impuestos para construir desmesurados pabellones y centros deportivos que de ningún espectáculo alguno serán escenario, casi que ni es juzgable: se roba por tanto, y si lo primero dicho era la ley, ésta es la trampa.
La velocidad máxima en España son esos 120 km/h de los cuales no podremos sobrepasar nada de nada, según la teórica que hemos de aprendernos para conducir, pues es ésto el máximo permitido en todo caso. Sin embargo, es fácil ver cómo vehículos homologados para la circulación en éste nuestro país (y no en Alemania, donde existen vías en las que no se precisa de límite de velocidad alguno) superan esta velocidad. Y no sólo la superan, sino que la duplican... o triplican.
No hay dinero para becas. Cada vez es mayor el recorte en la sanidad pública. Hasta los pensionistas han de pagar por algunas de sus recetas médicas (lo que se conoce como copago). Dejan de existir tantas ayudas a los parados, pagas a los mayores, y demás prestaciones propias de un país desarrollado. Los bancos se ven obligados a arrebatar a muchos que se embarcaron por encima de su nivel porque la crisis azota, y no hay perdón que valga: el Estado reclama lo que es suyo. La cosa está realmente mal, y es ésta la ley.
Nuestro gobierno decide invertir en las olimpiadas de 2020 y propone que se celebren en Madrid -digo nuestro gobierno y no nosotros puesto que yo no recuerdo haber participado en referéndum alguno en el que concurriera la pregunta a "¿quiere usted participar en los próximos JJOO?" ni nada parecido-. Para ello, alega tener construido el 80% de la estructura necesaria para realizarlos, en los que ha invertido cientos de millones de euros. Y digo yo: ¿era ésto necesario? ¿Qué pasará ahora con esas "infraestructuras" ya construidas? ¿Al desmontarlas recuperamos lo invertido o hemos de tragarnos "nuestros" errores? No hay dinero para lo demás y, sin embargo, ¿si hay para ésto? Ésto formaría la trampa.
La droga es ilegal, al menos es lo que dice la ley. Y mientras lo pienso, veo cómo las personas se acercan a lugares provistos de "droga" (alcohol y tabaco) legal. El tabaco cuenta con nicotina, lo que hace a quien lo fuma un adicto, un consumidor que seguirá gastándose los 4 o 5 euros que le pidan por cajetilla, por alocada que resulte a veces la cifra en euros. La droga es mala, pero cara, nos lo enseñan en el colegio. El Estado promueve la educación para este tipo de cosas, la moderación, y promueve anuncios en los que se alerta del peligro que corre uno al consumir estas sustancias, pero lo cierto es que si decides alejarte, el Estado tiene que sacar partido también, ¿o acaso no está regulada la venta de los cigarrillos electrónicos, los parches de nicotina, los tratamientos para dejar de fumar? Se comprometen ley y trampa.
Una de las leyes más estrictas que he visto imponer ha sido la ley anti-tabaco. Personas del sector servicios se vieron obligados a realizar reformas en sus negocios a fin de adecuarse a la nueva ley, que prohibía que se fumara en lugares públicos no habilitados con una mampara o lugar de separación entre fumadores y no fumadores. Más tarde, se prohibió definitivamente fumar en los lugares públicos, pasando por alto la estructura o las obras que hubieran podido realizar los empresarios por sus negocios. Eso es la ley. Una ley que, casi de forma cómica, cuelga de un hilo cuando Sheldon Adelson apuesta por España para la construcción de Eurovegas.
Hay a quien no le gusta tu trabajo, cómo haces ésto o aquello, pero a pesar de ello te dice cómo hacerlo. Hay quien quiere ganar dinero y suspira soñando con la idea por la que la droga, siendo lo más malo, es con lo que más se gana. El cristiano más bueno es el que es generoso y comparte, y realmente me gustaría ver en qué cama duermen los más cercanos al cielo.
Todo ejemplo es poco, pero la conclusión que extraigo es que independientemente a lo que promulgara Sócrates en favor de su polis, o de lo que digan tales y cuales constituciones, lo que realmente nos hace ver (y a muchos creer, cada vez con más certeza) es que quien hace la ley hace la trampa. A toda norma le cabe una refutación, una razón que a alguien le haga pensar: ¿no existirán realmente las normas para saltárselas? Y si no, ¿qué hago con este Ferrari en una autopista en la que sólo puedo circular a 120km/h?
Una línea como definición ideal es aquella que es construida con una sucesión infinita de puntos, y yo digo ante ésto: ¿acaso existe un lápiz con una mina suficientemente grande (infinita diríamos) para dibujar dicha línea?
¿Con un bolígrafo tal vez? ¿Cabe si acaso imaginar dicha línea? ¿Podemos imaginar una linea infinita?
¿DÓNDE EMPIEZA Y DÓNDE ACABARÍA LA MISMA?
¿Con un bolígrafo tal vez? ¿Cabe si acaso imaginar dicha línea? ¿Podemos imaginar una linea infinita?
¿DÓNDE EMPIEZA Y DÓNDE ACABARÍA LA MISMA?
lunes, 2 de septiembre de 2013
"No hay nada repartido de forma más equitativa que la razón: todo el mundo cree tener la suficiente".
Siempre gusta a uno estar informado. Siempre gusta ofrecer el punto de vista sobre el que uno se asienta, opinar sobre el mismo, o defender tu postura con argumentos más o menos razonados. Pero, eso no implica que lo que intentemos hacer creer sea la mejor opción. Aun así, habrá quien no sea capaz de crear esa especie de esfera que conforman las opiniones de los demás junto con la nuestra, a modo de mapamundi del conocimiento, con el que discernir y crear una mejor opinión conforme se habla con unos y con otros. Lo que suele llamarse "aprender".
Aunque parezca ficción, aún en nuestro siglo (y, en realidad, pienso que nunca dejará de existir, como el mentir mismo) existe quien toma en consideración algo lo cual, aun demostrándole que está equivocado con razones debidamente expuestas, seguirá hondeando la misma bandera. Le da igual. Se niega a aprender. Cree tener la razón, cree estar acertado en sus palabras, y eso le basta, cuando fuera de la testarudez todo tiene mucho más que entender.
Claro que, ¿de qué les voy a hablar a este tipo de personas? ¿De Gibraltar y España? ¿De La Línea de la Concepción? ¿De religión? ¿De la reforma de Wert? ¿De...? Realmente cuesta encontrar un tema, pues ya sea de todo lo expuesto así como de deportes, el sujeto no cede. Hechos como éste explican que aún se voten ciertos partidos políticos aun sabiendo ya desde hace bien poco la implicación de muchos a tramas de corrupción: las personas que votan a corruptos piensan hacer lo correcto, y las pruebas, los "papeles", y lo que diga la opinión pública no es barrera alguna. Así como también que aunque la religión haga y deshaga hay quien reza cada día, esperando no sé bien qué de ese dios que escriben con la inicial mayúscula.
Visto lo visto, se me viene una frase célebre de Descartes, y es que:
"No hay nada repartido de forma más equitativa que la razón: todo el mundo cree tener la suficiente".
Es cuando veo los anuncios de Apple, o de los tan anunciados coches eléctricos, cuando pienso que aunque nos vendan que estamos en una nueva era, en un tiempo de descubrimientos y de alto rendimiento, estamos realmente estancados: ¿qué nuevo invento tenemos? Un teléfono móvil con whatsapp no es un invento. Y, si como vemos, siguen dándose este tipo de cosas, más propio de personas que vivieron en siglos anteriores, más da que pensar... a quien lo hace.
viernes, 16 de agosto de 2013
"Gibraltar. Mi propia perspectiva y valoración del asunto, argumentada."
Llevo varios días observando cómo personas ajenas al problema opinan, informan, o van más allá: acusan; casi sin fundamento alguno, apoyándose en la voz de la calle, o lo que es peor: en lo que dicen los medios. Medios que ya han olvidado Galicia y el tan famoso tren que descarriló, o de José Bretón. Medios, que en vez de tomarse unos días en informarse y explicar razonablemente el asunto, prefieren acudir a la verja (que tan famosa es ya en España entera) para obtener testimonios en exclusiva de pescadores, llanitos y matuteros (personas que trafican con tabaco) los cuales tampoco saben con certeza qué es lo que defienden. Muchos, ni tan siquiera sabrán que en Gibraltar residen Hebreos, Musulmanes, Españoles, Americanos, Ingleses y llanitos. Muchos, ni por asomo se creerán que fue en éste lugar donde contrajo matrimonio John Lennon con Yoko Ono. Fruto de tanta controversia, manipulación, (y por qué no) tonterías y más tonterías que se dicen en la calle, me lanzo a escribir sobre el tema. Después de todo, a diferencia de muchos que también se lanzan a hacerlo, yo resido en la ciudad fronteriza con ésta colonia, y además de opinar, como digo en el título, argumento mi opinión, que tan necesario es a veces.
En este "conflicto", (por llamarlo de alguna forma), que no hace más que extenderse, son muchos los que acusan a Caruana, o al actual gobernador de Gibraltar, Picardo; hay también quien reconoce que David Cameron no tendría que entrar a formar parte del problema, ya que es algo que sucede entre "la colonia" y "La Línea". Gibraltar es un territorio de ultramar bajo soberanía de Reino Unido, y, por tanto, es obvio que Cameron tenga que tomar cartas en el asunto de hacerse necesario. La Línea por no poder no puede ni pagar a los que trabajan día a día en su ayuntamiento, ¿cómo va a hacer frente a un conflicto contra Reino Unido, que ha sido un país fuerte en todos sus aspectos durante toda la historia? España, La Línea, o como quieran llamarlo, lo más que hace es presentar absurdas opciones como la de cobrar un peaje por entrar a ese territorio, y yo me pregunto, ¿cómo van a cobrar a la gente por entrar en algo que no le pertenece, como es Gibraltar? ¿Me va a cobrar a mí mi vecino por entrar en mi casa que es mía? Esto que a simple vista parece descabellado y de locos, además de serlo, lo han propuesto nada menos que dos personas ya: Alejandro Sánchez García (anterior alcalde de La Línea), y ahora, por si fuera poco, García-Margallo (ministro español de exteriores) el cual además de presentarlo amenaza con imponer que esa tasa sean cincuenta euros para entrar, y otros cincuenta para salir. ¿Y quién padece las largas colas, las largas esperas como muestra de represalias al ver que nada pueden hacer porque no se pueden implantar dichas medidas propuestas? Los trabajadores.

Puestos a culpar a quién de qué, culpemos a Rajoy de ocultar lo que hace Bárcenas, o a los medios en sí por centrar su punto de mira en ésto y no en lo que de verdad tiene importancia: nuestros políticos nos roban, señores, ni más ni menos que las personas en las que delegamos el gobierno. Bueno, pues aún hay quien prefiere arremeter contra Gibraltar acusando de que "roba terreno al mar en aguas sobre que la que hay dudas respecto a quién pertenecen", y es que realmente parece que nadie recuerda que la orilla del mar antes llegaba al Club Náutico, y que, no sólo hemos comido terreno al mar nosotros, sino que hemos construido en ese terreno arrebatado al mar, también de dudosa propiedad legítima, una carretera de dos carriles para cada sentido, una acera con carril bici por cada lado, y un paseo marítimo. Todo sobre ese agua; en vez de arremeter contra el gobierno actual, recién desmanteladas varias operaciones ilegítimas y con valor lucrativo a costa del pueblo. La señora Infanta, Urdangarín, Bárcenas, el propio Rajoy, y a nivel local, Juárez, quien se marchó con los bolsillos bien llenos de este pueblo, de La Línea de la Concepción, ¿y os quedan ganas de quejaros de lo que hace o cómo lo hace Gibraltar? En la roca trabajan cada día 10.000 trabajadores, (razón por la cual se alza el monumento junto a la frontera) entre ellos mi padre, mi tío, y demás familiares míos y amigos. Yo mismo lo hago también en verano.
Y es que, en realidad, todo el mundo se beneficia de una forma u otra de ese territorio: más de siete millones de turistas vienen al año a visitar Gibraltar en cruceros gigantes, muchos de ellos comen en nuestra costa; los chavales compran el alcohol en Gibraltar porque es mucho más barato, y esta historia se repite periódicamente, cada viernes, cada sábado; cuando llega la navidad, a la hora de regalar colonias la gente acude a la roca; turistas del propio Estado Español pasan por La Línea para ir a ver a los monos, atracción turística de importancia también, y después, comen en el bar Salas (de La Línea); España, aunque se empeña en no reconocer como británico el aeropuerto de Gibraltar, permite que las excursiones que organizan los colegios para visitar Londres se hagan desde allí, tomando el avión en territorio llanito, beneficiándonos por tanto; al ser allí la gasolina más barata, la gente toma por costumbre llenar el tanque en la Roca, y así, es lógico que después se la acuse de tener el índice más alto de "emisiones de dióxido de carbono", cuando realmente la inmensa mayoría de la gasolina que vende se consume fuera de su territorio; suelen acusar a Gibraltar por esos barcos que realizan bunkering, sin saber esos acusadores que esa práctica se realiza igualmente (y a mayor escala) en la bahía de Algeciras, ¿conocéis las diferencias como para juzgar por qué si lo hacen los llanitos está mal?
Suele fastidiar a la política española el hecho de que Gibraltar esté exento de impuestos, pero, ¿qué hace España? Sube el I.V.A. cada vez que tiene oportunidad, o pone el impuesto sobre el tabaco en un cincuenta y siete por ciento (más de la mitad del precio de un paquete son impuestos para el Estado). ¿Qué hay de la oferta/demanda? ¿Quién visitará La Línea siendo ésta ya algo común, cuando no sea fronteriza con una colonia inglesa? ¿Qué hay de atractivo aquí? Me entristece plantearlo.
Lo cierto es que mientras nuestro gobierno no para de ofrecer cosas que no pueden llevarse a cabo y además alardear de ellas (como la del peaje en beneficio de los pescadores, o la de recuperar Gibraltar porque, según aseguran, "le pertenece") van pasando los días, y todo sigue igual, ¿por qué? Porque la realidad es bien distinta a como la pintan en los medios, y voy a explicarlo.
A efectos televisivos el gobierno español no para de luchar por lo que, según afirman, es suyo. Los pescadores, igualmente, no paran de luchar porque de esas aguas dependen sus vidas. A efectos televisivos, como digo, pues de hecho Fabián Picardo hace poco retó a Rajoy a acudir a los foros internacionales con el fin de resolver el conflicto. ¿Qué hace nuestro presidente?, negar la oferta. No está luchando por recuperarlo por tanto, ¡no le conviene!: hace el amago, sonríe para los medios y lo reafirma, y una vez se le ofrece ir a juicio con el tema, rechaza, porque sabe que perderá. Lo sabe por lo siguiente.
Además de que nuestro presidente (como el anterior), no sabe hablar inglés, sabe de más que lo de Gibraltar está perdido antes de reclamarlo siquiera. Sabe, que en el tan famoso y tan en boca de todos (y tan desconocido por gran parte de ese todo) "Tratado de Utrech" aunque no viene reconocido que le pertenezcan aguas es lógico, pues en el siglo XVIII ese concepto de aguas territoriales no existía, y sabe, (o eso espero de la persona que dirige mi país) que desde el año en que yo nací (1994) entró en vigor la Constitución de los océanos, tratado aprobado y respaldado por la aprobación de la III Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar doce años antes (1982), por la cual cualquier territorio costero tiene proyección juridiccional sobre sus aguas adyacentes. De las hasta doce millas que se les ofrece a estos territorios costeros, Gibraltar sólo tomó tres, y aun así, sigue siendo tema de disputa. ¿Sabíais eso? Y estas palabras tomadas textualmente de un periódico digital las dirijo a los radicales que quieren forzar por todos los medios el cierre de Gibraltar, y añado bibliografía:
Con respecto al tema de los pescadores, ídem de lo mismo: será cierto que algunos aún pescan en esas aguas hoy día, a pesar de que la mayoría de la gente de ésta mi ciudad dice de esas aguas que están contaminadas (sin saber argumentar notablemente el porqué, como todo lo que suele decirse), pero lo propio es el contrabando. Y claro, si no permiten la pesca, ¿con qué excusa van a surcar esas aguas? Una imagen muy mediatizada es la de los pescadores quejándose del acoso llanito y de los bloques de hormigón cayendo en "los principales caladeros", es entonces cuando yo me ofrezco a mostrarles otra que quizá desconozcan:
Gibraltar tiene todo lo que nosotros no tenemos, y lo sabe administrar bien bajo dominio inglés. ¿De qué nos serviría apropiarnos de todo, si vamos a hacer lo mismo que con el resto de España: dejarlo todo en estado crítico? No compensa ni tan siquiera plantear dicha opción.
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